Mientras que muchas de nuestras relaciones interpersonales juegan un papel fundamental siendo un gran amortiguador en nuestras experiencias vitales más complicadas, la falta de ellas en dichos momentos, puede generar daño dando lugar a sentimientos de decepción, traición, soledad o abandono.
En otros casos, puede ocurrir que suframos situaciones de rechazo, humillaciones, ridiculizaciones o desprecios que nos dejen huella tanto a nivel personal como en nuestras relaciones, sintiéndonos inferiores e inseguras y predominando la hipervigilancia y la desconfianza en las relaciones por miedo al daño.
También, puede ocurrir que el daño por parte de otras personas no sea consecuencia de un acto intencionado, sino como consecuencia de sus propios traumas o dificultades. Sin embargo, sea con mala intención o no, todo ello impacta de manera negativa en nosotras.
En estos casos, la terapia EMDR puede ayudar significativamente a reducir el malestar asociado a dichas experiencias traumáticas y a integrarlas de manera más adaptativa, reduciéndose a su vez los mecanismos de defensa que se crearon para protegernos en el pasado pero que ahora nos limitan.

